¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?
La ansiedad perinatal tiene muchas caras. No siempre se presenta como un ataque de pánico; a menudo es una preocupación de fondo que no te abandona:
Preocupación constante
No puedes dejar de pensar en que algo le pasará al bebé, aunque las ecografías sean normales.
Miedo al parto
La sola imagen del parto genera terror, sudoración y evitación de cualquier información sobre el tema.
Hipervigilancia corporal
Interpretas cada pequeña sensación como una señal de peligro y acudes urgencias con frecuencia.
Insomnio y tensión
No consigues dormir bien, tienes el cuerpo en tensión permanente y te irritas con facilidad.
Distancia en la pareja
Sientes que tu pareja no te entiende o que el embarazo está creando una barrera entre vosotros.
Pensamientos intrusivos
Te asaltan imágenes o pensamientos involuntarios sobre daño al bebé que te generan mucha culpa.
Dato clave: Entre el 15 y el 20 % de las mujeres embarazadas experimentan niveles de ansiedad clínicamente relevantes. Es más frecuente que la depresión perinatal, pero mucho menos conocida. Si lo estás pasando mal, no estás sola.
Por qué la ansiedad en el embarazo merece atención
Durante el embarazo, el cerebro entra en un estado de mayor sensibilidad emocional como mecanismo de preparación para el cuidado del bebé. Este mismo mecanismo puede amplificar las señales de amenaza y hacer que la mente se quede atrapada en bucles de preocupación.
Sin atención, la ansiedad perinatal no tratada puede afectar al vínculo materno-fetal, al desarrollo del bebé, a la relación de pareja y al riesgo de depresión posparto. La buena noticia es que la terapia psicológica funciona y es completamente segura durante el embarazo.