La terapia cognitivo-conductual no es solo hablar. Es un trabajo activo donde ambos participamos. Estas son algunas de las herramientas que uso, adaptadas a cada persona y cada momento del proceso:
Registros de pensamiento: aprendes a identificar los pensamientos automáticos que disparan tu malestar y a cuestionarlos de forma realista. No se trata de "pensar en positivo", sino de pensar con más perspectiva. A mis pacientes les sorprende cuánto cambia esto en pocas semanas.
Experimentos conductuales: diseñamos juntos pequeñas pruebas para comprobar si lo que temes de verdad ocurre. Por ejemplo, si crees que si dices que no a alguien te va a rechazar, lo probamos de forma gradual y vemos qué pasa realmente.
Técnicas de relajación y mindfulness: para bajar la activación física cuando la ansiedad se manifiesta en el cuerpo. No son técnicas mágicas, pero cuando las practicas con regularidad, tu cuerpo aprende a regularse mejor.
Exposición gradual: para fobias, ansiedad social o evitación. Nos acercamos paso a paso a lo que te da miedo, a un ritmo que puedas manejar, hasta que deja de controlarte.