El primer paso es entender qué está alimentando tu estrés. No es lo mismo el estrés de quien tiene demasiado trabajo que el de quien no sabe decir que no, o el de quien carga con unas expectativas de perfección muy exigentes. El diagnóstico preciso marca la diferencia en el tratamiento.
Trabajamos los esquemas cognitivos que contribuyen al estrés crónico: creencias de hiperresponsabilidad ("todo depende de mí"), necesidad de aprobación, dificultad para delegar o pedir ayuda, pensamiento de todo-o-nada. Muchas veces estos patrones vienen de muy atrás y han funcionado durante años... hasta que dejan de funcionar.
Un componente esencial es el entrenamiento en habilidades de regulación: técnicas de gestión del tiempo y la carga, establecimiento de límites saludables, desconexión emocional del trabajo y estrategias de recuperación activa. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar de forma sostenible.
Si estás en burnout avanzado, también trabajamos la recuperación del sentido y la motivación. El burnout no es solo cansancio físico: es una pérdida del significado de lo que haces. Reconectar con los valores propios y redefinir la relación con el trabajo forma parte central del proceso de recuperación.