Cada sesión sigue una estructura flexible que se adapta a lo que necesitas ese día. Pero siempre hay un hilo conductor: tu plan de tratamiento personalizado.
Empezamos revisando cómo ha ido la semana: qué ha pasado, cómo te has sentido, si has podido hacer las tareas que acordamos. Esto me permite saber dónde estamos y ajustar la sesión a tu momento actual.
Después, trabajamos con técnicas específicas de Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) o Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), según lo que estemos abordando. Puede ser reestructuración de pensamientos, ejercicios de exposición, trabajo con valores o técnicas de regulación emocional.
Terminamos planificando qué vas a trabajar entre sesiones. Las tareas entre sesiones son una parte clave del tratamiento: es donde realmente se producen los cambios en tu día a día.