Mi trabajo con la hipocondría combina dos enfoques con fuerte evidencia científica: la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).
Con la TCC identificamos los pensamientos catastróficos que se disparan cuando notas una sensación en tu cuerpo. Aprendes a cuestionar esas interpretaciones automáticas — ese "seguro que es algo grave" que tu mente repite sin descanso. También trabajamos las conductas de comprobación (buscar en Google, pedir citas médicas, autoexplorarte) que mantienen viva la ansiedad.
Con la ACT trabajamos algo fundamental: aprender a convivir con la incertidumbre. Nadie puede garantizarte al 100% que estás sano — y esa búsqueda de certeza absoluta es lo que te mantiene atrapado. Aprendes a dejar que el pensamiento esté ahí sin que controle lo que haces.
También abordamos los síntomas físicos de la ansiedad — porque muchas veces los mareos, la presión en el pecho o el dolor de estómago son la propia ansiedad manifestándose en el cuerpo. Cuando entiendes eso, el miedo pierde fuerza.