Mi trabajo con los pensamientos intrusivos se basa en la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y, más específicamente, en la Exposición con Prevención de Respuesta (EPR), que es el tratamiento con mayor evidencia científica para este tipo de problemas.
El objetivo no es eliminar los pensamientos — eso es imposible y contraproducente. El objetivo es cambiar tu relación con ellos. Aprender a dejarlos pasar sin darles importancia, sin luchar contra ellos y sin necesitar que desaparezcan para sentirte bien.
En las primeras sesiones, exploramos juntos qué pensamientos te generan más malestar, qué rituales o estrategias de evitación has desarrollado y qué interpretaciones haces de esos pensamientos ("si lo pienso es porque lo deseo", "soy peligroso", etc.). Estas interpretaciones son la verdadera causa del sufrimiento, no el pensamiento en sí.
Después, trabajamos de forma gradual para que puedas exponerte al malestar que genera el pensamiento sin recurrir a los rituales que lo alimentan. Paso a paso, tu cerebro aprende que el pensamiento no es una amenaza real y la ansiedad va perdiendo fuerza.
También integro técnicas de mindfulness y defusión cognitiva de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que te ayudan a observar los pensamientos desde cierta distancia, sin engancharte a ellos.